Rey de Asturias (?, 759 - Oviedo, 842). Era hijo de Fruela I y sucesor de Vermudo I. Su largo reinado comenzó en el 791 y tuvo una interrupción entre el 801 y el 802, al ser expulsado del trono por una conjura palaciega, para recuperarlo después.
En ese periodo consolidó definitivamente la monarquía asturiana: estableció la capital en Oviedo, enriqueciéndola con numerosas construcciones (un palacio real y varios templos cristianos); reorganizó la corte y la Iglesia con arreglo a las normas de los visigodos; y, sobre todo, hizo frente a los ataques del Emirato de Córdoba (contra Álava, Galicia y Cantabria principalmente), que dominaba la práctica totalidad de la Península.
En ese empeño no pasó del éxito defensivo frente a los musulmanes, que llegaron a entrar en Oviedo por dos veces (794 y 796); Alfonso envió emisarios a Carlomagno en busca de ayuda (796), se adentró hasta Lisboa en una audaz cabalgada (797), y prestó refugio a musulmanes rebeldes al poder de los Omeya (como el beréber Abd al-Chabbar, que después se rebeló contra Alfonso, el cual le venció en el 840). Durante su reinado se descubrió en Galicia el sepulcro donde se decía que estaba enterrado el apóstol Santiago; alrededor de la iglesia que Alfonso hizo construir en aquel lugar surgiría la ciudad de Compostela.
El anónimo autor de la "Crónica Albeldense" manifiesta que Alfonso restauraría en Oviedo "todo el orden gótico toledano, tanto en la Iglesia como en Palacio". Construiría un nuevo palacio en Oviedo que serviría de centro propagandístico y se distanciaría de las Iglesias toledana y franca, creando una nueva sede metropolitana en Lugo. El sobrenombre de "El Casto" vendría motivado por su renuncia a las mujeres, falleciendo sin descendencia, lo que motivaría que la corona recayera en Ramiro I.
Extraído de Biografias y Vidas
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