Ibrahim al Jaafari, político chiíta de 58 años, es uno de los dos vicepresidentes iraquíes del nuevo gobierno. Fue elegido como candidato de la AUI a dirigir el gobierno de Irak en un clima de inestabilidad y de continuos atentados contra chiítas y kurdos, luego de que su rival Ahmed Chalabi dimitiera a sus aspiraciones.
La Alianza Unida Iraquí (AUI), a la que pertenece, ganó las elecciones del 30 de enero en Irak con el 48 por ciento de los votos, lo que le permitiría tener 131 de los 275 escaños de la asamblea Nacional.
Tiene amplías probabilidades de ser el nuevo primer ministro iraquí, cargo que sólo le disputa su actual titular, Iyad Allawi, al que apoya EU pero sin suficiente respaldo en el nuevo Parlamento. Pasó más de dos décadas en el exilio, en su mayor parte en Irán, donde encabezó la resistencia contra Saddam Hussein.
Al Jaafari nació en 1947 en la ciudad santa chiíta de Kerbala, a unos 90 kilómetros al sur de Bagdad, en el seno de una familia de clase media acomodada.
Estudió medicina en la Universidad de Mosul.
Su carrera política inició cuando se afilió en 1966 al partido Ad Dawa, fundado nueve años antes por el ayatolá Mohamed Baqer al Sadr para defender los intereses de los clérigos en Nayaf. Hoy es uno de sus líderes.
Su reputación de hombre comedido, pero estricto, trabajador y decidido le permitió convertirse en el secretario general de la formación y en su portavoz durante la crítica década de los setenta, en la que se escribieron algunos de los capítulos más negros de la represión a los chiítas en Irak.
Huyó a Irán en 1979 y permaneció allí hasta 1990, donde organizó razias transfronterizas mientras estudiaba teología chiíta en Qom.
Es considerado líder de la facción proiraní de Ad Dawa con estrechos lazos con la teocracia iraní, aunque lo niega.
El levantamiento del Partido Ad Dawa comenzó a fines de la década de 1970 y en los 80’s el enfrentamiento entre Ad Dawa y Baath, partido de Saddam Hussein, alcanzó su clímax y tiñó de sangre Irak. El grupo dijo que perdió 77 mil miembros en su guerra contra el dictador iraquí, un sunnita.
Ad Dawa realizó varios atentados suicidas en Bagdad y hubo conjeturas de que Al Jaafari estuvo mezclado en el intento de asesinato del emir de Kuwait, lo que ha negado hasta la fecha.
En 1990, Al Jaafari dejó Irán y viajó a Inglaterra cuando el Partido Ad Dawa se escindió porque una de las facciones era partidaria de estrechar lazos con Irán y la otra se oponía a la influencia iraní. Allí coincidió con sus ahora rivales: el primer ministro saliente Iyad Allawi, y el controvertido banquero Ahmed Chalabi.
En abril de 2003, tras la entrada de las tropas estadounidenses en Bagdad y la consiguiente caída del régimen de Sadam Husein, regresó a Irak.
Fue un miembro clave de la Alianza Unida Iraquí, principal coalición política chiíta que incluía al Partido Ad Dawa y el Consejo Supremo para la Revolución Islámica de Irak, la otra facción chiíta del país.
La coalición fue respaldada por el gran ayatolá Alí al Sistani, el clérigo iraquí más influyente y hermano de su esposa.
Se convirtió en el primer presidente del Consejo de Gobierno Iraquí (CGI), órgano ejecutivo de 25 integrantes designado por la Autoridad de la Ocupación encabezada por EU y que dirigió en su momento Paul Bremer, para gobernar el país como una administración interina en julio del 2003.
Fue el primero porque de acuerdo al alfabeto árabe su nombre era el primero de la lista de los nueve integrantes de la presidencia rotatoria mensual.
El primero de junio de 2004 fue elegido como uno de los dos vicepresidentes del nuevo gobierno iraquí.
En una ocasión dijo en una entrevista que las sospechas sobre sus lazos con Irán fueron "un error generalizado".
"Un iraquí sigue siendo un iraquí toda su vida, sin importar donde vaya", indicó.
Ibrahim al Jaafari está a favor de combinar las tradiciones islámicas con la democracia occidental.
Al contrario que la mayoría de sus rivales políticos, Jaafari apostó desde el principio por la moderación y fue una de las voces que defendió la necesidad de integrar a los "baathistas" en el nuevo sistema.
Criticó la desmembración del Ejército y subrayó que "el nuevo régimen debe tratar con los miembros del antiguo porque son parte del pueblo iraquí".
Asimismo, llegó a respaldar al clérigo radical iraquí Moqtada al Sadr durante una de sus insurrecciones armadas contra la presencia militar de EU, y criticó a la Casa Blanca por su forma de actuar frente al religioso.
Al igual que Al Sadr, cree en la necesidad de una salida a corto plazo de las tropas norteamericanas de Bagdad, opinión que le ha granjeado la hostilidad estadounidense, pese a su cariz de moderado.
Además, aboga por una cooperación estrecha con los países vecinos a Irak porque en su opinión "comparten amenazas que requieren de esta política, en particular con Irán", el enemigo más enconado de Washington.
Fuente: esmas.com
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