(1904-86) Director cinematográfico mexicano, n. en Hondo (Coahuila) y m. en la ciudad de México, apodado «El Indio Fernández». Se inició en el cine como «extra» para pasar sucesivamente a actor (Janitzio), argumentista y ayudante de dirección. Debutó como director en La Isla de la Pasión (1941), en la que ya daba idea de sus grandes posibilidades. Poco después se consagraba con María Candelaria (1946), poética queja contra la miseria y opresión de los peones indígenas. Su gran acierto fue formar equipo con Gabriel Figueroa, uno de los mejores operadores del mundo.
La técnica y sentido de la belleza de Fernández y la insuperable fotografía de Figueroa se revelaron fecundísimas. Algunas de tales realizaciones son verdaderas maravillas: Enamorada, no por convencional menos lírica, Río escondido, etc. Mientras el director imprime a sus obras un ritmo majestuoso, solemne, su operador transforma los guiones en series de imágenes pictóricas, en fantásticos juegos de luz: Flor silvestre (1946), La perla, Pueblerina. Es curioso notar que estas películas poseen una grandeza con la que no acertó Fernández en otras realizaciones más dramáticas (Bugambilia, Los abandonados, etc.).
En cambio, era lógico que el equipo Fernández-Figueroa, cantor máximo de la belleza y el espíritu mexicanos, se sintiera incómodo al ser trasplantado a otras tierras, como ocurrió con La Tierra de Fuego se apaga, filmada en Argentina. Un reproche puede oponérsele a este gran director: en una siguiente etapa pareció haber agotado sus temas,pues en sus películas Cuando levanta la niebla (1952), La red (1953), Acapulco, Nosotros dos (1954), se repite con excesiva frecuencia. Pero incluso estas realizaciones llevan el sello inconfundible de un director genial y de un verdadero artista de la fotografía, uno de los mejores del cine hispanoamericano, en el que ha sentado escuela de poesía, humanidad y belleza.
Extraído de Biografias y Vidas
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