Día de la Raza: invención de una fiesta cívica
La celebración del 12 de octubre, Día de la Raza, fijada en el calendario cívico escolar desde hace varias décadas –sea actualmente día de asueto o no–, nos ha llevado a percibir el acontecimiento que conmemora como algo inamovible e incuestionable, que forma parte de aquellos actos que se repiten año con año iguales a sí mismos, aparentemente sin alteraciones.
Sin embargo, hubo un momento en que la fecha se estableció como digna de conmemorar y, no exenta de polémica ni de diversas interpretaciones e intereses, se ha filtrado hasta nuestros días. Por lo demás, de ninguna manera ha sido una fiesta local, regional, sino que abarca países de dos continentes. Como dice Paul Ricoeur:
Desde el momento en que se subraya la gestualidad corporal y la espacialidad de los rituales que acompañan los ritmos temporales de la celebración, no se puede eludir el problema de saber en qué espacio y en qué tiempo tienen lugar estas figuras festivas de la memoria.
¿Cuáles son los deslizamientos semánticos que se pueden apreciar en las transformaciones de este evento, desde el establecimiento de la noción biológico-cultural de raza regida por las tradiciones del evolucionismo social hasta los usos familiares del español mexicano, a menudo no exentos de carga peyorativa, donde raza se emplea en el lenguaje cotidiano para referirse a los pares, a los familiares o al pueblo en general?
Va señalado, antes de todo, que el sentido de la fiesta en una sociedad como la novohispana, en la que prevaleciera un sinnúmero de prácticas religiosas, católicas, paulatinamente transita hacia una sociedad que se seculariza. La festividad religiosa se convierte en fiesta cívica, en fiesta patria y aun en fiesta nacional; formará parte de los rituales, de las tramas simbólicas que requieren, en el siglo XIX, las naciones que se constituyen como tales.
Con la construcción de la nación moderna se establecen los héroes, los eventos que hay que recordar, las fechas, que habrán de constituir los lugares obligados de rememorar, con menoscabo de otros que se eluden, se ignoran o, directamente, se olvidan.
