Inmigración a la Argentina y literatura: El tango
La presencia del tango en la vida del inmigrante ha sido reflejada en diversos textos, y algunos inmigrantes protagonizan letras de tango, que a su vez originaron obras literarias. Citamos fragmentos de algunos de estos textos y obras literarias, y letras de tango completas.
Personalidades
Los italianos y sus descendientes compusieron letras y músicas e interpretaron tangos. Entre ellos, recordamos a Mario Batistella, Enrique Santos Discépolo, Luis César Amadori, Feliciano Brunelli, Homero Manzi, Roberto Maida, Nicolás Olivari, Julián Centella, Pascual Contursi, Nelly Omar, Alberto Morán, Alberto Marino, José Libertella, Astor Piazzola, Daniel Piazzola y Graciela Pesce.
Entre los españoles y sus descendientes, mencionamos a Luis Bayón Herrera, Tania, Eladia Blázquez, María Nieves, Graciela Pereyra y Lorena Lores.
Hubo muchos judíos en la historia del tango, entre ellos, Julio Jorge Nelson, Carlos Aguirre, Simón Bajour, Raúl Kaplún e Ismael Spitalnik.
Julia Zenko desciende de lituanos y letones. El padre cantaba tangos; la hija es famosa en ese arte. La bailarina Vanina Bilous desciende de ucranianos y polacos.
Es cuestionado el nacimiento de Carlos Gardel: mientras que unos investigadores afirman que vio la luz en Toulouse, otros sostienen que en verdad nació en Uruguay.
De Uruguay vinieron José Razzano y Alfredo Eusebio Gobbi, mientras que en Chile nació el violinista Hernán Oliva.
Testimonios
Daniel Yarmolinski y Graciela Pesce relatan una anécdota que tiene como personajes a Discépolo, Tania y un gallego: “Nos cuenta Francisco García Giménez que alguna vez escuchó junto con otras personas, el siguiente relato de boca de don Enrique Santos Discépolo (Discepolín): En los días que nos llegaban mal barajados por la suerte contraria, un 24 de diciembre estábamos en casa solos, secos y amargados.
De repente, llamaron a la puerta. Tania, mi mujer, fue a abrir… ¡Era el gallego del almacén de enfrente con una canasta repleta!… Desde la avellana al turrón, desde las pasas de uva a la sidra: *como ustedes no me hicieron ningún pedido, me atreví a traerles esto. No se preocupen me lo pagarán cuando puedan*. ¡Lo machuqué de un abrazo! Tania, emocionada se puso a llorar” (1).
Oscar Mármol evoca a Batistella: “Año 1957 : La fama de la Orquesta de Varela se debía en mayor medida a su cantor-estrella, Argentino Ledesma. (…) Nunca nadie le habló como Edmundo Rivero, conocedor del ambiente y sus miserias.
Ante la insistencia de Ledesma que lo ayude a elegir a la persona adecuada, y viendo Don Edmundo que este joven lo admiraba como a un padre, Rivero le sugirió el nombre del poeta Mario Batistella, hombre decente a carta cabal, y muy conocedor del medio artístico. (…) Bajo La tutela de Batistella, comenzó su nuevo camino como solista, siendo acompañado en la parte orquestal por el maestro Jorge Dragone.
En solo un mes actúa en 34 bailes (todo un record), la Empresa Palmolive lo contrata como artista exclusivo para su audición de radio. Graba para Odeón, el vals “Cantinera”, le siguen “Nochera”, “Cuartito Azul”, y muchísimos éxitos mas” (2).
No es muy amable la impresión que tenía Carlos Gardel sobre el tango ejecutado por españoles, ya que le dijo a Astor Piazzolla: “Mirá pibe, el *fueye* lo tocás fenómeno, pero al tango lo tocás como un gallego” (3).
Eladia Blázquez agradeció que sus padres españoles hayan sido tan amplios de criterio, aunque su formación terminó siendo autodidacta: “En mi casa aprendí a ser libre.
Mis padres eran españoles, él obrero y ella ama de casa. Podían haber sido muy cerrados pero no. Vieron pronto que tenían una hija artista, desde que me dieron el primer juguete musical: tuve mis xilofones, mis pianitos, que venían con la escala completa y afinada.
Y no me obligaban a sentarme a comer si prefería encerrarme a hacer música. (…) Mis padres, dentro de sus humildes medios, me pusieron profesores de música que al poco tiempo aconsejaban: *Déjenla, déjenla cantar y tocar sola, tiene algo innato* ” (4).
María Nieves, bailarina de tango, “proviene de una familia humilde –ella reafirma- *más que pobre*-. Fue criada en el barrio de Saavedra. Sus padres eran de Lugo, España y aquí tuvieron cinco hijos. A los 8 ó 9 años María comenzó a ir a las milongas con su hermana mayor y de tanto ir a ver bailar tango, un día la invitaron a la pista y bailó.
De chica la humildad familiar no la marcó. Asegura que eran muy felices y que eso es imborrable. (…) A veces me dicen, *sos demasiado humilde, sos una tonta*.
Así me hizo mi mamá, eso me legó. Me enseñó a andar derecha por la vida y no hacerle daño a nadie*. Esa misma mamá –*la gallega*- cuando era niña le cantaba tangos y valsecitos en vez de una canción de cuna” (5).
Canta tangos Julia Zenko. “El abuelo de Julia cantaba en los templos judíos y era actor aficionado. El papá era carnicero y cantante de tangos. Ella jugaba a ser cantante desde que aprendió a hablar (…) *Yo fui criada con muchas músicas en mi cabeza*, reflexiona” (6).
En otra oportunidad, ella manifestó: “Un instante puede mostrarte lo que pesan tus antepasados. Eso lo vi en esta última gira: conocí Letonia y Lituania, y también Estambul, donde vivió varios años una de mis abuelas, y reconocí olores de las comidas de mi casa, músicas, acentos. Es que soy una argentina tanguera sin una gota de sangre criolla” (7).
Acerca de Vanina Bilous, afirmó Irene Amuchástegui: “Mujeres como esta Polaca suelen suscitar una mezcla de respeto, admiración y temor en las milongas. Todos saben de quién se trata, su renombre las precede y un murmullo apenas perceptible las escolta hasta su mesa cuando llegan al salón.
En el caso de Vanina Bilous, rubia descendiente de ucranianos y polacos, es suficiente un dato: fue la bailarina de tango favorita de uno de los directores de orquesta favoritos, Osvaldo Pugliese.
No hay más que verla en la pista o en escena para explicarse por qué: Vanina se desliza como aceite. Su figura a la vez contundente y sutil se mueve con tal musicalidad, proyecta tal gracia y dramatismo, que es difícil dejar de observarla” (8).
Hoogetsu Shimanura es el seudónimo de Kazuomi Takagi, redactor del periódico La Plata Hochi y miembro del Consejo de Notables de la Fundación Cultural Argentino Japonesa. (9). “Dice, añoso, el japonés Kazuomi Takagi: “Yo soñaba con el tango argentino. Llegué a Buenos Aires apenas terminada la guerra, con 26 años.
Lo escuchaba desde los 13. Sabía decir riachuelo, conocía a los músicos, fue un sueño cumplido llegar acá”. (…) el japonés aporteñado y tanguero— eterno periodista del diario La Plata Hochi—, que fue a parar a una tintorería en Suárez y Montes de Oca y hasta conoció la casa de Juan de Dios Filiberto (…)”. (10).
