Caracterización de dos áreas marañoneras
El marañón (Anacardium occidentale L.) es originario de la región norte de Brasil, y se supone haya llegado a nuestro país por manos de los aborígenes antillanos hace varios siglos atrás (Cañizares, 1984). Dentro de la familia Anacardiácea se destaca este preciado frutal, cuyo comercio mundial alcanza grandes dimensiones (Das et al., 1999).
En los países de las regiones tropicales y subtropicales se le conoce con más de 37 nombres vernáculos (FAO, 1987). Es ampliamente usado en la elaboración de productos alimenticios, farmacéuticos, y de uso industrial y doméstico (Cañizares, 1984).
Por tales razones, en el Mercado Mundial, anualmente, se mueven alrededor de 2 billones de dólares a consecuencia del comercio de sus almendras, sin considerarse la comercialización del resto de los derivados que se obtienen de esta valiosa especie (Ascenso y Duncan, 1997).
A pesar de muchas comunidades tropicales vivir a costa del marañón, en Cuba ha permanecido marginado, y encabeza la lista de especies frutales arbóreas amenazadas desde hace más de 25 años (Aguilera, 2001). Sin embargo, muchas zonas de nuestro país poseen envidiables condiciones edafoclimáticas para el crecimiento y desarrollo de esta especie; la cual prefiere suelos empobrecidos y poco fértiles.
Precisamente, se dispone de un 76.8% de suelos entre poco productivos y muy poco productivos, y 44.8% de nuestros suelos padecen de baja fertilidad (CITMA, 2000). El marañón puede soportar largos periodos de sequía y puede vivir normalmente, donde a otro frutal le sería casi imposible (Aguilera, 2005b).
Cañizares (1984) afirma que una de las regiones cubanas más prolíferas de A. occidentale, siempre fueron las históricas sabanas de Peralejo. Hoy en este lugar sobrevive una notable representatividad de árboles del mencionado frutal, pero Aguilera et al. (2003a) consideran que más de un 70% de la población de estos, tiene entre 40 y 50 años.
Quiere decir, que están cerca del declive fisiológico, por lo que en los próximos 15 a 25 años no perpetuarán la especie, debido a la incapacidad de florecer y fructificar o habrán muerto.
No es difícil percatarse del peligro que acecha a esta especie frutal —como a otras muchas— naturalizada en Cuba por varios siglos y que hoy está en manos de la presente generación conservarla (Aguilera et al., 2003b).
Peralejo es uno de los pocos refugios naturales que el marañón actualmente tiene en nuestro país (Aguilera et al., 2003c); sin embargo, no se hacen suficientes acciones para su rescate, por lo que el problema consiste en la necesidad de obtener y mostrar evidencias, para que se concientice, a cerca de los impactos negativos provocados por la deforestación, y de los beneficios vinculados a conservar y explotar adecuadamente dicha Anacardiácea.
Debido a lo impostergable de focalizar acciones dirigidas a la conservación de A. occidentale de manera inmediata, es que el presente trabajo se plantea la siguiente hipótesis: a través de un diagnóstico adecuado y del uso de indicadores ecológicos y agroproductivos, se podrá lograr la caracterización comparativa de áreas marañoneras de Peralejo y conocer su repercusión a nivel comunitario, y se propone como objetivo: determinar el comportamiento de áreas de marañón deforestada y en conservación in situ y la influencia de la comunidad, para contribuir a que se comprenda la necesidad y potencialidades de transformación de esta especie de amenazada a un renglón económico.
